sábado, 11 de diciembre de 2010

Rutina en espiral

6.30 am. Suenan consecutivamente las tres alarmas que programo cada día antes de dormir,siempre tan maniáticamente puntual. Me levanto de un salto y corro a la ducha, y enseguida a coger la comida,la ropa. Seguro que me olvido algo,pienso. Las llaves de casa, las del coche, bolso... y a la calle.

Cada vez que subo al coche pienso en cuánta gente estará yendo a trabajar en ese mismo momento, cuántas personas se levantarán de puntillas y volverán a casa cuando ya sea de noche,y sus hijos ya estén a punto de dormir, y su esposo o esposa les espere para charlar y contarse cómo ha ido el día. Enciendo la radio y empiezo con humor el día.

Llego a las 7.40 am casi siempre.Aparco, bajo el volumen de la radio y me acurruco en el asiento, entorno los ojos y me adormilo. Esos diez minutos antes de empezar el día me dan sosiego, y me encantan.

Y empieza la jornada laboral, 14 horas por delante. Extracciones de sangre, electros., y atender las urgencias durante todo el día. Hablo con mucha gente a lo largo del día. Gente sola que viene reclamando un poco de atención, jóvenes que necesitan cariño, abuelitos enfermos, madres con sus niños malitos..en tres meses que llevo allí conozco a la mayoría de gente que pasa por la urgencias, suelen repetir. Y urgencias, también urgencias vitales, un infarto, una parada, intoxicaciones, avisos con la ambulancia...el día pasa volando! Casi no tengo tiempo de pensar en preocupaciones o en cosas que tengo que hacer, hay días que cuando me doy cuenta ya es casi la hora de irme.


Cuando vuelvo a coger carretera de vuelta a casa, siempre vuelvo pensando en el día, en cuánto puedo hacer desde mi profesión, pero a la vez, la indignación de la saturación del sistema sanitario.Pienso en las espera que se forman cada día, en tanta gente que satura las urgencias cuando acuden por una no urgencia, en tener muchas veces que limitarte a hacer el trabajo por prisas. Un sistema sanitario gratuito, pero que se desmorona cuando se acude por todo al médico, cuando no se respeta siempre a los sanitarios.
Me encanta mi profesion, y en mi siempre está la inquietud de hacer algo más, de ser una buena enfermera, de explotar mi vocación sirviendo a los demás.

Y al llegar a casa, tras media hora buscando sitio para aparcar, me recibe mi perro con un salto enorme, y mi familia siempre con una sonrisa, preguntándome cómo ha ido el día.

Cansada ya, conecto con la realidad, miro el correo, hablo con Javi después de todo el día, hago cosas pendientes, y enseguida a dormir.
Bendita rutina...se puede cambiar el mundo en el día a día, estoy segura. Y desde el trabajo, aún más!

4 comentarios:

Nerea dijo...

He pasado, en los últimos meses, tiempo en un hospital. El mejor recuerdo que me llevo, son las enfermeras. Siempre tan atentas, tan sonrientes, tan acogedoras.

Mientras leía esto, pensaba "¡Qué lujo debe ser tener a Elena de enfermera!" Siempre con una sonrisa, que te hace más bonita de lo que ya eres :)

Un besazo desde aquí, y sí, ¡Bendita rutina!

Daniel Pajuelo Vázquez dijo...

Bendita rutina!
ella siembra en nuestras relaciones y compromisos la semilla de la fidelidad. Así en los tiempos de cambio somos capaces de permanecer fieles a lo que somos.
Besos

Carmen dijo...

Elenita, vaya piropos te sueltan por aquí. Yo ya no voy a decir más. Sostengo todo lo que dicen y más. Un besote de los tuyos.

David dijo...

Saludos Elena: sé que este no es el punto, pero hace tiempo ví un artículo que publicaste sobre un libro o no sé que habías leido "Sos, dejadme morir", y la verdad que lo encontré bastante interesante. Solo era preguntarte si sería mucho pedir que me facilitaras el resto del título del libro para encontrarlo o bien el trabajo ese que decías (que la verdad que las cosas largas a veces me pueden llegar a aburrir) que habías hecho. Un saludo y gracias.